Buscando un ideal ... |
![]() ...sólo nos queda el futuro... Ideas, sueños, momentos, temores, ilusiones, pasiones, utopías, instantes, momentos, música, viajes... VIDA ... Esta página será un refugio para mí. Las puertas están abiertas para tod@s ... :)
|
|
|
Parto. Con el sonido de mis pasos. De mis palabras. De mis teclas, tal vez. Ni la niebla empaña el recuerdo, ni el recuerdo niebla mi mente. Faltaría más. Me voy. Para volver a no volver. ¿O era al revés? Te prometí una despedida digna. No me siento capaz, amada. Porque tu dignidad es mi muerte. Porque sin palabras no se llenan las libretas. Ni siquiera una hoja. Tú fuiste mi cuaderno. Mi refugio, mi psiquiatra. Mi resaca más placentera, mi estudio más acertado. Te dieron vida mis letras, y te darán duelo mis lágrimas. Nostalgia contenida en un vaso de cristal. Barato, eso sí. Pero cristal al fin y al cabo. De los que se rompen. No son perennes. Ni siquiera su estallido dura más de medio segundo. No somos nada. Entre tanto buen deseo para el nuevo año aún me quedaba sitio en esos días de inicio para o para hacerle un homenaje a las palabras. Palabras. Tal vez el concepto más repetido en estos veintitantos meses. Las amaba ayer. Y las amo hoy. Llegaba el 2004 y con él esos Reyes Magos que con el paso de los años cada día me gustan más. No voy a hacer un manifesto capitalista-consumista ni mucho menos. A mí también me parece una hipocresía mucho de lo que veo. Pero he descubierto con el tiempo que ese día, aunque sea como borregos, en una fecha marcada, impuesta y rutinaria... vuelvo a mis días de niño. Aún más niño, quiero decir. Días de cabalgata en hombros de mi padre, de roscón entre regalos o de insomnio pre-llegada de los camellos y sus amos. Sólo ver la cara de ilusión de mis seres queridos ese día compensa cualquier regalo superficial o poco útil. No me podía olvidar en esas fechas hablar de mi mochila. No es la de Pocholo. Ni siquiera tengo hoy la misma que aquellos días. Pero es una parte de mí. Como la corbata en el mafioso político de turno, las gafas en el buceador o la libertad en el soñador. Ha sido testigo de estos dos últimos años y nuestra relación de momento no tiene visos de romperse. Ni siquiera en esos días de rabia, como en el de aquel nueve de enero en el que mis letras lloraban casi sangre. Aunque una poesía, paranoica para más inri, es buena aspirina para ese mal. Llegaba el trece de enero y con ello quizás uno de los artículos que más me gustan en todo este tiempo. No por calidad, que no soy nadie para hablar de tal tema, ni siquiera por originalidad. Más bien por lo que no había escrito, por lo que significaban esos párrafos. Juro que el "todo es relativo" se convirtió en un lema de mi vida. Hoy lo uso menos, pero creo que esas reflexiones nocturnas me ayudaron mucho a la larga. " Hoy mi sueño está más cerca del Kilómetro Cero que de la Plaza de la Merced. ¿Distancia, kilómetros? ¿Y qué? Una vez más... todo es relativo." Inauguraba en ese enero eterno un nuevo género de post en mi blog. Las confesiones verdáceas. Los susurros de noches trascendentalmente cercanas. Volaba con mis paranoias, y me confundía con tanto vuelo. En eso consistía. Los artículos posteriores no eran más que simples textos de auto-consuelo. "Esperando que el viento sople a favor". Rezaba y miraba por la ventana. Pero no había viento. Tal vez por eso nunca se apagó la esperanza. Tres meses después encontraría la respuesta. Estaba aún en plena resaca de ese siete de abril que fue el pistoletazo a mi actual vida cuando volvía a rescatar estas palabras para Ella. Hoy las grito aún con más fuerza. Pedaleaba con fuerza, pedía al mundo que siguiese girando, hacía estudios de las visitas del blog o simplemente me conformaba con no salirme de la carretera. Estaba claro que en días felices no entran moscas. De mayor quiero hacer un refranero. No me avergüenzo de esos artículos. Eran días de música, de recuerdos. Cualquier canción era una nueva excusa para unas palabras. Aunque fuese con un mes de retraso. La BSO de mis desahogos sería un coleccionable de esos de mil entregas en el quiosco del barrio. La noche del 23 de Junio trajo uno de los artículos que con más buen sabor guardo. Será el tinto de la foto, o ese estilo pre-Bukowski con acné pero lo cierto es que San Imbécil me enamora aún hoy. A partir de ahí, una serie de artículos (Sounds of Underground o el de Broadway) que tampoco me disgusta leer. Eran días de incertidumbre. El niño se rebelaba a crecer y me siento orgulloso de mis pensamientos y de mi manera de plasmarlos en aquellos tiernos diecinueve añitos. Reflexionaba sobre la vida. Sobre el mundo, mi mundo tal vez. Era un soñador. Hoy soy más realista pero espero de veras no perder ese espíritu de mi septiembre dos-mil-tres-atrero. "Un libro, un porro, una historia, un viaje. Ese es el mundo real. Hay muchas puertas pero sólo un mundo real, mi mundo real. Dentro de él, puedes elegir que querés, si reír o volar, si subir o bajar, si soñar o pensar. Todo cabe en ese mundo, claro que hay injusticias, pero en mi mundo real también hay sitio para las utopías y se puede cambiar. Por supuesto que también hay lágrimas, pero intentaremos cambiarlas por sonrisas. Todo universo tiene sitio en mi mundo. En el real." Decía que así me anunciaría en una hipotética sección de contactos. Quizás hoy prefiera la reventa. Me gusta el artículo de la "Mauvaise reputation". Porque era un homenaje a mi madre en primer lugar, a mi infancia y una forma de ordenar mis ideas en aquellos días previos a mi vigésimo cumpleaños. "Ochenta años y un día..." coronaba las palabras de aquella jornada. Parece una tontería pero hoy, hace un año (y un día), lloré como un crío. Me negaba a ser mayor. Me resignaba a dejar de ser el pequeñito curioso, odiaba ese dos que desde aquel día abre la cifra de mi edad. Un tsunami de agua y tristeza despidió al año. No era buen presagio. Soy tan insignificante que no puedo dedicarme nada ni a mí mismo, pero aseguro que si hubiera servido de algo, ese día hubiese escrito mil y un artículos (todo los que debía, más las futuras deudas) en homenaje a esas personas que de la noche a la mañana se sumergieron en la oscuridad más cruel. "Dios ha muerto. Viva el 2005". Pero hombre, con esta dedicatoria... ¿esperabas un buen año? Acertabas pues. El recuerdo de ese 20 de enero tan triste (es curioso acabar recordando la mayoría de fechas malas y sólo unas cuantas buenas, el ser humano es masoquista) y el Txoria Txori que debería ser un himno universal fueron mi únicas apariciones en los tres primeros meses. Por eso te escribo ahora. Para que te empañes del aroma de mi arrepentimiento y recuerdes esta historia de amor como algo precioso. Fue como ese verano en el campamento al que nunca fuí, con unos meses de continua actividad y un lento y largo perecer por culpa del distanciamiento. En segundo, y aunque mi carta te hará pensar que quiero cortar contigo, mi intención es totalmente opuesta. Quiero enamorarte otra vez. Quiero besarte en los amaneceres, volver a volar con las teclas y seguir filosofeando pobremente con tus oídos de testigo. Te dejo, Blogia. Y te agradeceré mil años los momentos vividos. Pero te he construído una casa mejor. Aün está en obras. No tiene piscina, ni siquiera chimenea. Y para lo que es hoy por hoy, tardé mucho en construirla. Pero le voy a dedicar tanto tiempo y cariño como a la antigua. Nuestra nueva residencia nos espera. A ti. A mí. Y a todos vosotros. Seguiré buscando un ideal, seguiré luchando para poder decir desde el más allá, más acá, o lo que sea un "lo encontré" como epílogo a mi vida. Y de esa búsqueda será testigo mi nuevo refugio. Mi nueva página: Hasta siempre. Y gracias...
Fecha: 15/11/2005 15:13. |