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Buscando un ideal ...

No se qué. (ESUB- I)

No se qué. (ESUB- I) Comienza la serie de Estudios Sociológicos Universales del Barrio (ESUB). Volumen I en marcha.

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Ya está bien. Una solución quiero, que diría el filósofo preclaro que diseñó a mano el anuncio del detergente.

País, párate. Mundo, párate. Esto no puede seguir así. Tú lo sabes. Yo también.

¡FIN!

¿Por qué, por qué, por qué estupidez que escapa de la mente humana estamos todos cortados por un mismo patrón a la hora de hablar?

Sí, digo todos. Tú también, el camionero. O tú que me lees, que no por estar en el Ministerio de Agricultura te vas a librar esta vez. El niño, el abuelo, el andaluz, el castellano, el barcelonés de pura cepa.

Cuatro rasguitos diversos, sí, para que se peleen y se crean distintos. Qué guays, qué diferentes. Pero un "no sé qué" común. Sí, un "no sé qué".

¿Quién inventaría esta inultilmente absurda muletilla? Me imagino a un chaval asustado en un exámen y para no dejar el folio en blanco escribiendo bien grande un magestuoso NO SÉ QUÉ. O ese pobre joven recién salido de la facultad en su primera entrevista de trabajo. Aún con acné y con parkinson en todo el cuerpo del nerviosismo, al reponder a la primera pregunta directa del "entrevistador".

- ¿Qué puedes aportar a la empresa?

- Eh... no sé qué.

Y se fue tan pancho. Y lo peor es que seguro que le eligieron a él para el puesto. No sería una sorpresa.

Fuese quién fuese, declaro persona non grata en mi particular lista negra-turquesa (sí, que pasa, el turquesa le daba un color muy bonito a tal lista) al inventor de la expresión, al que le condeció la patente, al que la comercializó, al que le dio uso y al que la escucha día tras día sin enfurecerse ni abofetear la cara del interlocutor. No me quedará sitio en la lista.

Ese "no sé qué" le come terreno día tras día al incómodo y eterno "ehh..ehhhh..." que sonaba en señal de duda, confusión o mientras se pensaba algo en una conversación.

Les propongo un juego. Cuenten el número de veces que una persona usa "no sé qué" por minuto. Yo aún no me he atrevido a pillar cronómetro y hoja de papel pero la apuesta es sobre seguro.

Cuatro ejemplos:

Estabamos allí, no sé qué, y acabamos entrando en el cine.

Me contó no sé qué de los agujeros negros.

Compré un kilo de tomates, dos de patatas, no sé qué y me salió todo muy barato.

Y entonces Carlos me dijo no sé qué e hicimos las paces.



Si salgo con la libreta a la calle prometo actualizar esos cuatros simples y cortitos ejemplos inventados con mucha prisa para poner lo que se está cociendo allá fuera. El ejército del "no sé qué" no deja de avanzar. Te lo meten en una conversación de política, de cine, de deportes o de las amapolas descoloridas del valle. No hay tregua. No la habrá. ¡Violentos!

No a la guerra. No al no se qué.
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1 comentario

Helena -

No sé qué decirte...jaja...es broma.
Desde bien pequeñita he sido una adicta al ehhh ehhh...y un pequeño escogimiento de hombros, mi hija lo ha heredado también, así que aquí tienes a la familia del eh...
Besos.Adiós.
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