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Se muestran los artículos pertenecientes a Septiembre de 2004.
01/09/2004
Broadway no falla. Disfruten del cabaret Uh, ah, ah, ah ah... No, no me he vuelto loco. Al menos no más que antes. Canto, virtualmente, con letras si hace falta, con estúpidas onomatopeyas que expresan la rabia que llevo dentro. Por una vez no es rabia de enfado, de cabreo, de impotencia o de desperación. Es como una especie de suspiro de alivio disfrazado tras gritos. Quizás la música ayude. Vaya si ayuda. El fabuloso "Down with the sickness" de Disturbed no viene mal para comenzar a escribir. Si acaso me despierta, que estaba un poco dormido entre tanto sol de agosto y esas canciones de medio pelo que salen por los altavoces de esos horrendos y pseudo-tuneados (me da igual como se escriba, no se me ofenda nadie) coches que pasan con música operaciontriunfalera o chayanista a toda hostia. Vaya putada. Sí, llámemos a cada cosa por su nombre. Tanto hablar de esta página como mi refugio personal, como el cobijo a mis ideas y mis palabras, como mi desahogo pos-virtual a las lágrimas o sonrisas del mundo "exterior", y ahora desaparezco un mes sin pasar por "casa" ni siquiera a saludar. Putada, si señor. Al menos para mi cabeza, que tantas vacaciones no son buenas. Ya me veo dentro de un tiempo (lejano...o no) leyéndome mis comentarios a lo largo del año, mi resumen de la "temporada" en forma de palabras más o menos coherentes, y cuándo llegue a agosto, me quedaré con las ganas de ver qué cojones pasó ese mes. Así queda. Vacío, como un verano en la cabeza de Esperanza Aguirre, como el plato en casa del pobre, como un aula universitaria un domingo a las cinco de la tarde (Sebastian, no me falles). Al menos con septiembre esto no pasará. Si estas ridículas palabras que escribo y ese mensaje raro que me está saliendo acaba siendo publicado, ya habrá algo "pá" leer. A ver si no me quedo aquí. Que no sea el resumen de este mes como esos minúsculos yogures que abres ilusionado y solo te encuentras un puñado de caldo, cuatro trozos bien grande de fresa (verídico) y...por mucho que explores con la cuchara, ahí se acaba todo. No. Este septiembre es un mes raro, difícil, un poco oscuro tal vez. Pero prometo volver a escribir. Mientras siga habiendo una sola canción que comentar, un viaje, un corazón latiendo, y unos ojos lectores seguiré escribiendo. Pero especialmente mientras sigan existiendo palabras, para expresar esos sentimientos, experiencias o emociones, yo seguiré aquí. Claro que no es fácil. Es muy difícil definir el color amarillo con palabras. Es complicado definir el amor, decir que se siente al pasear por Olimpia entre restos de valor histórico inmenso, comentar con palabras cómo es un amanecer con un monstruoso sol levantandose de la cama por aguas italianas, o plasmar en letras el valor de una mirada cómplice. Me he puesto tonto. Sí, sensible, cursi, cómo lo querais llamar. Ya era hora. Me decía una chica de cuyo nombre no quiero acordarme (o sí) que "voy de duro" y que me guardo todo lo que siento para mí. Peut-être. Quizás esta mutación en tan pocos párrafos se debe al grandísimo "Llorona" de Chavela Vargas que me atrapa en un baño de lágrimas (suyas, que no mías) y una orgía de sentimientos inmensa. "Aunque la vida me cueste, llorona, no dejaré de quererte...". Pues eso. Ahora, para varíar un poco esta tónica que acabaría llevándome a otros web-blogs de toque demasiado sentimentaloide, al tipico relato super-popiense de quinceañera existencialista, tengo dos opciones: a) Poner excusas de por qué no he escrito en todo este tiempo. b) Contar un poco cosas de estos más de treinta días. Me quedo con la opción "b", más que nada porque soy muy malo mintiendo. Joder. No, no puede ser. Me gustaría que alguien (a poder ser especialista en el tema) me diga que clase de droga dura o sustancia psicotrópica/cannábica me metía yo en el cuerpo allá por navidades. Hago lo de siempre. Me voy a una especie de estantería que hay aquí, en el cuarto de mi hermano (descanse en paz...en Madrid), y cojo un CD. Mmm, el nombre no apasionada demasiado: "Navidad 2003. CD2". Vale. ¿Cómo se puede poner en un mismo CD el jodido Down with the sickness, el triste "llorona" y el pastillero/bicicletero "Me estoy volviendo loco"? Mi cabeza va a estallar. No sé si meterme un tripy, si decirle a mi madre (cada vez que entra en el cuarto es romperme la inspiración y vuelta a empezar) que en vez de pescado ponga hoy un pastel de pastillas, si pillarme la bici, ponerme la horrenda (pero histórica) gorra del Reynolds y subirme Gibralfaro, si saltar como un loco encima de la silla, o comenzar a ver por enésima vez el vídeo del tercer Tour de Induraín (grande Chiapucchi). Comprendereis que cambie de CD. Me pondré uno de Mp3´s o algo porque para morirme de una intoxicación de pokemones a 10€ soy muy joven aún. Saco, así, sin mirar otro CD. No veo ni el título. Lo pongo en el ordenador. Me dispongo a empezar a escucharlo y escribir (os prometí la opción B) un poco sobre estos últimos tiempos. ¡¡¡¡NOOOOOO!!!!! NO PUEDE SERRRRRRR. El CD, macabro, me mira y me desafía. Su título: "Navidad 2003. CD3". . . . . . . FIN DEL CAPITULO - - - - - - - - - - (Hoy, uno de septiembre, si ninguna droga, circunstancia, concierto, viaje, tripy o cd lo impide, seguiré con el relato. Las promesas no valen nada, que rezaban Los Planetas, pero las mías, si ya de por sí poco fíables, valen aún menos. Por eso mismo, podeis estar seguros, que cumpliré mi palabra) El cielo se nublaba, se nubla y se nubló; y no hablo de cielos, ni de nubes ni siquiera de estúpidas lluvias, molestas e incómodas como reír sin fuerzas.
Un grito en el mar, perdido anuncia el final del Sol. Este, asustado sin remedio de repente se mudó.
Razones no le faltabanBIENVENIDOS A BROADWAY. DISFRUTEN DEL CABARET, DEL ETERNO CABARET...
02/09/2004
Tercera puerta a la derecha. Este es el mundo real. Soy zurdo. O al menos debo aprender a serlo. No hablo ya ideas políticas, en las que está claro de qué pie cojeo. Ni siquiera me refiero a un Dani con una zurda de oro que le haga meter goles cada dos por tres en un atestado Anfield (¿me lo parece o tiene un nombre psicotrópico el campo del Liverpool?). Ni prefiero tirar a canasta con la mano izquierda. No, nada de eso. Hoy soy un zurdo verde. Y no porque sea el día de la Ecología precisamente. Dios, le pagaría ahora todo mi dinero (15€ ahorrados, 2,4 del saldo del móvil, cinco euros si vendo la camiseta que llevo puesta, etc) si alguien me dice quién fue el puto DIOS que inventó esto de escribir en un teclado con la mano derecha y fumar maría con la mano izquierda. De verdad que estoy enamorado de esa persona. Hoy es el Día. No sé si contaré como dije ayer la "opción B", ni siquiera me excusaré por no haberlo hecho ayer como os prometí (ya os dije que inventarme excusas se me da mal). No tengo ni idea de lo que os voy a escribir, pero tengo la cabeza con una clarividencia exquisita. Suena The Doors. Este grupo fue bueno, sí. Fantástico mejor dicho. Pero hoy suena mejor que nunca. "Las puertas". Qué grandes puertas. Paso una y otra vez a ese raro universo paralelo que empieza a ser habitual tras cada calada. La psicodélica (nunca mejor dicho) melodía de fondo me entra y no sé si liarme otro porro de esa maría tan maravillosamente verde y paranoica que un negrito de nombre Cliff me vendió baratísima en Feria, si tumbarme en la cama para cerrar los ojos escuchando The Doors, o si simplemente me quedo escribiendo. Mejor, me quedo con las dos últimas opciones. Cierro los ojos completamente, mientras mis dedos toman decisiones por mí. Ellos, pegados al teclado, dejan de recibir ordenes mías y le preguntan directamente a mi cerebro y a mi alma que les pasa. Conversan, discuten, ríen... y los dedos no dejan de moverse para acabar formando deliciosas palabras que hoy traigo en bandeja de plata. Más bien hierro, y un poco oxidado, porque lo veo todo verde. ¿Han visto ustedes alguna vez un ventilador enchufado a toda hostia y mirando para un lado totalmente contrario al que uno está sentado? Yo sí. Por primera vez en el mundo-mundial, y en exclusiva, les traigo este ventilador que más que enfríar el ambiente un poco (puto verano), se encarga de airear la habitación para que cuando algún miembro de la familia entre no se asuste más de lo que ya debe de estar. Ponga una habitación aireada en su vida, pongan ventiladores Fagor. Contra el más verde humo, el ventilador número uno. Palabra de The Doors. Come on baby, light my fire... He tenido que hacer una pausa de dos minutos porque la inspiración la había perdido. Será este realmente estúpido dolor de cuello que tengo. Claro que es normal que pase esto si tenemos en cuenta que he dormido en julio dos días en Santiago en el coche para despues... volver a Málaga desde allí en un día, dormir en el autobus, volver a Madrid, llegar a dormir en el suelo, volver a Málaga e irme al día siguiente a Grecia dos semanas para dormir TODOS LOS DÍAS (15) en el coche, regresar a Málaga, ver a Diana, dormir nuevamente varios días en el coche, y para una vez que pillo la cama, darme cuenta que está rota y que se está peor que en el coche, en el autobus y el suelo. Perro mundo. No, no es que esté fumado. Yo en realidad soy de esos tipos extraños que disfrutan en el garaje o en una gasolinera oliendo la gasolina. De estos que toman un jarabe para la tos y casi se beben la botella o que toman una aspirina y de propina cogen cuatro más. Pues con el Reflex (me da igual como se escriba, ciertamente) me pasa tres cuartos de lo mismo. ¿Hay algo en esta vida con mejor olor que el Reflex(ver párrafo anterior? Si es que dan ganas de auto-lesionarse y todo con tal de echarse ese fabuloso bote mágico del rastro para sentir ese gélido calorcillo y ese ardiente frío que recorre cada poro de la piel. Y sobre todo, seguir con los ojos cerrados, escuchando el "Reptilia" de The Strokes de fondo, y concentrarse olfativamente para sumergirse en el universo Reflex. Dios existe, sí. Creo que este es de los artículos que me están quedando más paranoicos, más siniestramente fumados de toda mi trayectoria en el paraíso Blogia. Comprended que tanto Cliff, como The Doors y por supuesto esta anestesia incolora de exquisito toque olfativo tienen la culpa. Cambio total de planes. Suena ahora el gran Maputxe de Fermín Muguruza con Manu Chao. Los pies los pongo finalmente en el suelo, abro los ojos por unos momentos y mi mente vuelve a pasar de regreso por esas "Doors" que me dieron el pasaporte a una media hora intensisima. Odio la frase "la vida es una mierda". No, la vida es bellísima. La auténtica putada es este mundo dónde nos ha tocado vivir. Injusticias cada dos por tres, monstruos del dinero pisando a los peces más pequeños, gente sin poder comer; personas matándose defendiendo a un estúpido trozo de tela de colores (lo llaman bandera creo), a un estúpido trozo de tierra al que alguno le puso de nombre "país"; personas odiandose entre sí por ser de otro color o raza, por creer en un dios (en minúsculas lo dejo) distinto; discriminaciones a la mujer, tan vapuleada en muchos sitios y tan "hipocritamente" igualada al hombre en países como el nuestro, en el que el machismo es aún muy latente, etc, etc. Pero...¿la vida? La vida es preciosa. Somos las mismas personas las que le ponemos a la vida barreras a la igualdad, a la libertad (de pensamiento, de expresión, de actos) y, por qué no decirlo, a la Felicidad (en mayúsculas). La vida es maravillosa. Lo tenemos todo para ser felices, vivimos unos cuantos años y nos preocupamos en pelearnos en vez de enamorarnos, en discutir en vez de escribir, en odiar en lugar de leer, en mirar mal en lugar de viajar. Lo dicho, el mundo horrible, la vida fascinante. Eso sí que es el mundo real, no el ficticio donde nos quieren meter políticuchos que piensan que, metidos en una burbuja, no podremos protestar. Quedénse con su mundo, yo me quedaré con el mío, el real. Despues de esos tres párrafos pseudo-filosóficos-ana-obregonianos, vuelvo a poner los pies en el suelo. Ya son varias, sí. Escucho ahora "Los condenaditos" de Los Fabulosos Cadillacs. Qué casualidad, porque volvemos al tema del que estaba comentando. De repente, tienen otro momento "Ramón García" filosófico, y en medio de la canción el cantante se pone a hablar. Os copio sus palabras, y la canción, en directo, por supuesto, os la recomiendo a tod@s. "Hay un niño argentino...recostado en una esquina...que piensa, que siente que lo alegra una triste melodía y una presencia ausente...una presencia ausente lo desarma. Y la oscuridad...y la oscuridad iluminada...NO QUEDA NADA...NADA...
La nada es un adorno de cristal guardada en un frasco de su madre...es un adorno sobre un piano que vibra con las notas. Esta fiesta hoy de hoy...este cumpleaños es sólo una excusa para vernos. Este...este de acá es un mundo real. Este es el mundo real. No el mundo de esos senadores del orto, no el mundo de esos políticos de mierda...este es el mundo real, en el que nosotros debemos vivir.
El mundo de la música, el mundo del arte. Dejemos afuera a esos imbéciles, no pertenecemos a ese mundo. ESTE ES NUESTRO MUNDO. Niño...argentino, no dejes que te duerman, despertáte, soltá la botella, no escuches a esa gente...sigamos creciendo en este mundo, este mundo es real, real...
Porque si no el niño...el cielo se nubla, se nubla, se nubla... se nublóooo"Qué subidón. Los Condenaditos como forma de vida...ahora y siempre. Un libro, un porro, una historia, un viaje. Ese es el mundo real. Hay muchas puertas pero sólo un mundo real, mi mundo real. Dentro de él, puedes elegir que querés, si reír o volar, si subir o bajar, si soñar o pensar. Todo cabe en ese mundo, claro que hay injusticias, pero en mi mundo real también hay sitio para las utopías y se puede cambiar. Por supuesto que también hay lágrimas, pero intentaremos cambiarlas por sonrisas. Todo universo tiene sitio en mi mundo. En el real. Creo que es el momento de parar. Hasta los zurdos tenemos límites, que diría el gran Marx Saludos al mundo real... Sin palabras y sin letras vacías páginas saldrán con líneas cargadas de humo como un loco me verán.
¿Loco? Sí. De esos que venden su alma por un estúpido boli, o un feo teclado con el que plasmar mi mundo, mi mundo real, tan siniestro como bello tan vacío como profundo.
Sin mochila hoy, pero con mil puertas cargándolas en el hombro...y en la cabeza, os doy de nuevo la bienvenida. Elijan la correcta y siéntense, que el show va a comenzar...LAS LETRAS NO TIENEN VACACIONES.
19/09/2004
Confesiones alucinógenas. Realmente estoy parado. No sé que escribir, no sé que decir. Lo tengo todo dentro de mí y es difícil de soltar. No entraré en detalles. Mis palabras me delatan pero mis letras no. No creo ni siquiera que yo sea capaz de terminar este mensaje con un mínimo de coherencia. Me dan ganas de empezar a decir: Perro, María, llaves, Calcuta, Locatelli... Hay miles de ideas, miles de conceptos pero difíciles de asimilar, y sobretodo, de enlazar entre sí. Miro a mi izquierda y hay un estúpido reloj indicandome que ya son las 4,35 de esta noche, quizás la mas larga de mi vida. ¿Debo acostarme? Tal vez. Miro a mi derecha y una jodida carrera de 125 acompaña mi nocturna paranoia. ¿Hay algo mejor en esta vida que llegar en estado semi-paranoico/trascendental y meterse en la cama con un buen Kit Kat y viendo las motos? Creo que, tan solo las noticias de fondo de EuroNews o dormirte con Impacto TV suponen una experiencia igual. Me encuentro con una botella de agua agarrada sin saber aún muy bien por qué, cerrando los ojos cual bebé en su cuna y pensando decir lo que digo pensando. Cayó la noche El telón de acero de palmeras y olas rebeldes cayeron con el lloro de la luna. Piramides invertidas y eternas saludan mi existencia; suspiros de la mar rompieron mis tímpanos. Ví queriendo lo que quise ver brindé perplejo por el despertar de ese alter-ego disfrazado de trufa y ese ego vestido sin par. Miles de estrellas verdes ocultan mi oscuro camino No preguntan, no comprenden no responden con sigilo. Balas de luz eterna Ramas de añejo ayer Palabras sin duda perdidas anunciando mi querer. Querer de azul permanente rojizo sería el final verde el camino eterno hasta la Felicidad. Mil lágrimas de locura dos mil risas al azar Pensamientos sin destino libretas sin rellenar. ---- Un color puede mezclarse. Una marea es cíclica. Y un mar eterno y presente, fugaz y fiel. E incluso el Sol, a veces desaparece y se esconde tras antifaz de negra apariencia. Nada es permanente, aunque todo siga igual. Mis palabras sin orden, anuncian mi letargo. Letargo de sueño en cama y de amargo despertar, entre las copas y el cava de mi fiesta y los sueños de la noche anterior. La noche me llama. La cama también. El negro sustituye al verde, y las risas incontroladas y las paranoias desmedidas se aparcan para ordenar la cabeza en una resaca pseudo-traumática en cama desnivelada sin barniz. Siento mi paranoia. He de confesar que al escribir esto he perdido la perspectiva subjetiva de las cosas varias veces. Me he visto en visión objetiva y he observado a un chico, con pupilas dilatadas y kit-kat derretido en la mano escribiendo un puñado de ideas sin sentido que al día siguiente se sorprenderá al leer. Sé que se me fue la olla del todo, pero mereció la pena. Saludos desde un lugar en el que la luna brilla con inteligencia, el viento sopla desafiante y los pensamientos toman cuerpo con palabras.
20/09/2004
Hoy duermo en la parte buena. ¿Cuál es la frontera entre la alegría y el fracaso? Me pregunté ayer, me pregunto hoy y seguramente me seguiré cuestionando mañana sin encontrar una respuesta. Un marathoniano puede estar cuatro años preparando una carrera. Día a día correrá por asfaltos ardientes, con sol o lluvia, soñando con el momento de la verdad para verse delante de miles de personas con un oro en su pecho. Ese día, el de la carrera, aguanta el ritmo inicial del típico africano que está varios pasos por encima de tu nivel físico. Pasa la media maratón y estás entre los diez primeros. La carrera se rompe a falta de 10 kms y te quedas ahí, impotente. Lo das todo, hasta la última gota, lloras sobre el asfalto si hace falta, te concentras tanto que ya no distingues lo que es dolor y lo que es cansancio, lo que es impotencia y lo que es rabia. Vas pasando uno a uno a varios atletas y el sueño de esos cuatro años vuelve a renacer. Quedan siete tíos delante tuya. Seis, cinco, cuatro... Logras pasar a otro más. Queda un kilómetro y el podium, esa medalla que aunque de bronce sería el mayor logro de tu vida está a sólo unos metros. Tres minutos más de agonía y aún más lágrimas de esfuerzo al límite de lo humano sobre el terreno. Llegas al Estadio Olímpico. Escuchas aplausos que no sabes si van dirigidos a tí para animarte en tu lucha por la medalla y por el cielo o al tercero para que no se deje alcanzar. Tus piernas corren lo más rápido que pueden en esos últimos metros. No has podido, eres cuarto. Miel en los labios, paraíso en los ojos, el mundo a unos metros. Estúpido cuarto puesto. Lo peor es que no puedes pensar que es injusto ya que seguramente el que te ha ganado el bronce y ahora llora como un niño de alegría y de orgullo haya sacrificado al igual que tú esos 4 años entre penurias y esfuerzos para poder vivir ese momento. También habrá sufrido, también se lo ha ganado. ¿Es un fracaso ese cuarto puesto? ¿Es acaso motivo de tristeza saber que eres el cuarto más rápido del mundo y que eres por lo menos mejor que 5.999.999.996 personas en la larga distancia? Este ejemplo quizás es llevado al límite pero tampoco difiere mucho de la realidad. A veces el triunfo y el fracaso (relativo) están separados por un ínfimo hilo de aspecto invisible. Como por ejemplo, el maravilloso triple de Ansley (tan maravilloso que jamás entró y tal vez por eso pasó a la historia) que despertó del meritorio sueño más bello a miles de aficionados a un equipo malagueño de nombre bancario que había enamorado a otros millones de personas jugando el baloncesto más bonito que jamás he visto en una cancha. O ese penalty de Miroslav Djukic que pudo darle a los coruñeses mucho más que una liga a una ciudad entregada totalmente. ¿Cómo que entre o no un balón puede deparar tantas lágrimas o tantos abrazos efusivos y alegría infinita? Cosas del deporte, cosas de la vida, cosas del caprichoso destino. Hoy me he puesto a pensar estas paranoia del límite entre éxito y fracaso por una experiencia personal que he tenido. Pongamos la situación. Tengo un exámen de Teoría, Técnica e Historia de la Imagen Fija. Asignatura a la que no pude ir en todo el año, de la que no sabía absolutamente nada y de la que pedí apuntes día sí y día también durante todo el verano con nulo éxito. Llega Septiembre y acabo pillando los apuntes (gracias a un admirador de Manu Chao- lo bueno abunda- que por casualidad estaba en mi clase) unos días antes. Teniendo en cuenta que esa misma semana tenía otros dos exámenes antes que ese, sólo pude estudiar el día antes. Solamente 24 horas para jugarme un año de clase. Estuve absolutamente todo el día estudiando practicamente sin esperanzas de aprobar. Doscientas páginas de aspecto macabro e infinito apiladas en una mesa y yo sin saber por donde empezar. Que si distancia hiperfocal por aquí, profundidad de campo, partes de una lente, función de la lente de menisco divergente, escala gradual del diafragma, etc, etc... Cosas que si bien son interesantes, cuestan asimilar a un pobre diablo que solo quiere ganarse la vida escribiendo estúpidas palabras de forma más o menos apropiada. Curiosamente, el día D, tras horas despiertos (me desperté a las 4 y pico y el exámen era a las 11) me sentí esperanzado. Había escuchado en la radio a Macaco, a Héroes, a Extremoduro e incluso una de Manu Chao y tanta buena música me había hecho creer en mí, en mis posibilidades. Sé que suena ridículo pero si uno está animado ve las cosas desde un prisma distinto. Llego al exámen y esa esperanza se derrumba en unos segundos. Un exámen tipo test (lo que más odio en el mundo). La estúpidez llevada al cubo, la quiniela al servicio del estudiante. Sin posibilidad de demostrar lo más mínimo lo que sabía (poco o mucho, qué más da) y solo teniendome que resignar a marcar "a", "d" o "b" ante las tan similares y extrañas respuestas de esas 20 retorcidas preguntas. Un punto menos cada tres fallos. Simple regla de tres, había que acertar 13 para aprobar. Yo me había dejado tres sin responder (simple precaución para no tener más puntos restados), y al salir del exámen, ví que tenía dos fallos más sin contar con muchas dudosas que casi prefería ni mirar en los apuntes para no hundirme más. Un par de días malos más antes de saber las notas. Conjeturas por aquí (¿pasará la mano?), conjeturas por allá (que no, que no tengo ni 10 bien...). Casi sin darme cuenta me encuentro recién duchado, vestido y abriendo la puerta de casa para dirigirme a la Universidad sin ser tal vez consciente de que me jugaba mucho más que una simple nota. Me juego una asignatura troncal entera, unos valiosos créditos, una más valiosa aún suma de dinero (de cara a la matrícula a la Universidad) y sobre todo, mi honor, el convencerme a mí mismo de que puedo con esta carrera, que debo volver a soñar y creer en mí. Decenas de fríos números en forma de DNI´s ocultan mi resultado. Dios, no puede ser. Solo veo Suspensos o No Presentados. Ni un notable/sobresaliente (había que hacer un trabajo de 10 páginas para lograrlo), solo algún que otro aprobado y gracias. No encuentro mi número de DNI por ninguna parte. De repente, mi amigo David me dice que ha visto un par de ellos arriba que empiezan por 74 (como el mío). Uno aprobado y otro suspenso. El mío es el primero. Le abrazo, juro que le hubiera besado (de cariño, no piensen mal) o hubiese llorado ahí mismo de felicidad si no hubiese sido por la presencia de dos o tres más alumnos que buscaban impacientes como yo sus notas. Le vuelvo a abrazar. Suspiro de alivio. Vuelvo a creer en mí. Suena Echo and The Bunnymen. El día ha sido tan angustioso que la noche me sabe a caviar. Uno o dos fallos más y tal vez ahora estuviese escuchando música o leyendo un libro pero sin ganas de apretar las teclas. Efectivamente, la frontera que separa el cielo del infierno es tan pequeña que asusta tanto como sorprende. Hoy por lo menos duermo en la parte buena. Septiembre muere dejando de herencia abrazos perdidos y alegrías contenidas.
Mes de contrastes, de tuneles varios sin perder el rumbo sin perder el ritmo.
El parque pierde color, los árboles quedánse huérfanos pero el convenio del Sol aún sin firmar está.
El calor ataca sin gotas del cielo llorar y sonríe aún sabiendo que algún día morirá.
Pero rendirse nunca... como yo intento imitar vulgar aprendiz del tiempo que aún mucho le queda andar.
El camino sigue y es muy largo... ya sabeis donde encontrarme.
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